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sábado, 30 de julio de 2011

La despedida.

Lo último que recuerdo es que agarró los billetes que puse sobre el buró de la cama, me dejó un beso en la frente y salió a prisa de la habitación, con el cabello desarreglado y los zapatos en la mano, le agradezco haberse marchado en silencio.

jueves, 5 de mayo de 2011

Cuento de hadas.

Un día ella se durmió. Él se fue con sus amigos a emborrachar, a pescar, al beisbol; tuvo otras mujeres, comió, habló con la boca llena, maldijo, subió los pies a la silla, dejó la ropa tirada por toda la casa, hasta que, pasados cien años, le dio un beso y ella despertó. Ambos habían tenido una vida de cuento.

El suicida.

Había pasado varias horas sentado frente a la hoja en blanco, con la pluma en la mano, intentando decidir a quién dedicaría la carta. Fueron horas de pensar y preguntarse, a quién, por qué, cómo, hasta agotar las respuestas. Ahora no podía contestar por qué debía escribir esa carta, para qué tenía una pistola en la mesa.